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- Categoría: LEY GREMIAL RECHAZADA
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EL PACTO SECRETO
Esta nota revela un pacto secreto en torno de la ley gremial que el Senado rechazaría en 1984 y con la que el gobierno de Raúl Alfonsín pretendía reordenar los sindicatos con la participación de las minorías en las conducciones. El pacto fue entre el senador neuquino Elías Sapag y el senador Oraldo Britos y la participación en el secreto del titular de la CGT, Saúl Ubaldini, amigo de los dos. Ajeno por completo a lo que iba a pasar estaba, además del gobierno, el propio presidente de la bancada justicialista, Vicente Saadi, de cuya capacidad de estricta reserva se desconfiaba.
Por Armando Vidal
“Yo no cambio mi dignidad por un caño de gas” decía el papelito que le acababa de enviar el senador Elías Sapag, presidente del bloque del Movimiento Popular Nequino y también de su partido. Fue en los tramos iniciales de la sesión el 15 de marzo de 1984 recordada por el duro enfrentamiento del gobierno de Raúl Alfonsín con el peronismo en torno de la genéricamente llamada “ley gremial” por las conducciones de los sindicatos.
Hablaba en ese momento el senador radical entrerriano Luis Brasesco, en apoyo al proyecto del Poder Ejecutivo que la Cámara de Diputados había aprobado en una tumultuosa reunión.
El que recibió el papelito era el senador peronista Oraldo Britos, presidente de la comisión de Legislación del Trabajo y muy amigo de Sapag –ambos habían sido senadores entre 1973 y 1976-, quien había hablado antes de Brasesco.
Britos había ido esa tarde directamente a su banca desde la casa donde se recluyó para preparar su discurso y eludir al medodía una comida en un hotel, organizada por las autoridades del bloque radical con los gobernadores de Corrientes, San Juan y Neuquén y los senadores de las tres provincias que venían votando hasta ese momento con el oficialismo.
No faltó en cambio Vicente Leónidas Saadi, el presidente del bloque (padre de Ramón Saadi, actual senador), quien como todos sabía que la comida de último momento era para hablar de la ley que mantenía en vilo al bloque radical.
Pero lo que Saadi y la gran mayoría no se sabía era lo que Britos y Saúl Ubaldini, titular de la CGT, ya conocían: que los senadores de Neuquén, Elías Sapag y Jorge Solana, votaban por el rechazo de la ley.
Esta era la razón del papelito que Elías, que había estado en la comida, le mandaba a Britos: que supiera que nada había cambiado
En esos momentos en Neuquén se aguardaba con gran expectativa la explotación del yacimiento de gas de Loma de la Lata, una obra que tenía el financiamiento del gobierno de la Nación, y que igual se realizó pese al desenlace de esta cuestión.
El gobernador de Neuquén era Felipe Sapag, siempre mejor dispuesto a entendimientos con Alfonsín que su hermano Elías.
El Senado estaba entonces integrado por 46 miembros (Tierra del Fuego no era provincia y estaba lejos la reforma constitucional que llevaría el número a 72).
Los peronistas eran 21 miembros (primera minorìa), más un aliado desarrollista de Formosa, Manuel Vidal. Los radicales eran 18 (segunda minoría), que crecían hasta 24 con el interbloque de las provincias mencionadas. Pero no fue así en ese debate por la ley sindical, que finalizó en la madrugada de un viernes bajo una tormenta torrencial.
El voto del peronismo con los dos senadores neuquinos impuso el dictamen de rechazo a la ley. Fueron 24 contra 22. Si Solana, por ejemplo, hubiera votado con los radicales, el vicepresidente Víctor Martínez hubiera desempatado a favor del gobierno.
Fue un duro golpe para el alfonsinismo y su proyecto político. Y, en sentido contrario, la resurrección para el peronismo que llevaría a los máximos planos a quienes hicieron posible la victoria. No en vano, Oraldo Britos fue el primer conductor de la renovación peronista.
Elías Sapag tenía siempre cerca a su hijo Jorge, hoy gobernador de Neuquén. Y en todo momento a un estrecho colaborador amigo de Jorge: el ex rugbier, ex capitán de Los Pumas y símbolo eterno del SIC, Miguel Iglesias, un hombre muy preparado, prematuramente fallecido. Ni uno ni otro hubieran podido cruzar el recinto sin pasar inadvertido. Fue un empleado que se camufló en el paisaje y le llevó el papelito a Britos con la decisión hasta ahora del voto más importante en torno de una ley demasiado peleada.
Por eso, como pasará hoy, los recintos hablan también con sus silencios.
