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SOLANO LÓPEZ, ETERNAUTA

Dos reportajes a Francisco Solano López. el dibujante de El Eternauta, que falleció el 12 de agosto de 2011, a los ochenta y dos años. El primero que aquí se publica fue de Caras y Caretas en 2008. El otro reportaje estuvo a cargo de la Agencia Paco Urondo, en septiembre de 2007. Una misma obra junto a Héctor Germán Oesterheld. Éxitos y lecturas políticas en todo el mismo camino. 

Por Daniel Cecchini

El Eternauta se publicó por primera vez en la revista Hora Cero Semanal, en 1957, donde comenzó la saga. El éxito fue inmediato. Se la promocionaba como “la historia del hombre que viene de regreso del futuro, que lo ha visto todo, la muerte de nuestra generación, el destino final del planeta”.

Eran los tiempos de la autodenominada Revolución Libertadora y la historieta, de alguna manera, transmitía cierto clima que se articuló con el de la época. Su guionista, Héctor Germán Oesterheld, y su dibujante, Francisco Solano López, llevaban tiempo trabajando en sociedad y no era el primer éxito que obtenían, pero la repercusión que tuvo la historia de Juan Salvo y sus amigos, los sorprendió.

Hablamos de eso con Solano López en 2008, cuando la revista Caras y Caretas me encargó entrevistarlo para una sección dedicada a personajes.

Me recibió en su departamento del barrio del Once y charlamos durante más de dos horas en un living muy pequeño atiborrado de muebles. Solano López me dijo que ni él ni Oesterheld pensaron esa primera versión de El Eternauta con alguna intencionalidad política.

“En todo caso, fue un producto de la casualidad y del inconsciente colectivo que anidaba en nuestras personalidades y se manifestaba en nuestro trabajo y que, a su vez, se encontraba con la sensibilidad y cierta manera de captar el relato que podían tener los jóvenes de la época. Porque la existencia de una dictadura militar, de persecuciones políticas, de resistencia a la interrupción de la democracia permitían esas lecturas”, me dijo.

Le recordé entonces una respuesta que Oesterheld le había dado al asunto en una vieja entrevista y que coincidía con lo que me decía.

“El Eternauta comenzó siendo un cuento corto, de apenas 70 cuadros. Luego se transformó en una larga historia, una suerte de adaptación del tema de Robinson Crusoe. Me fascinaba la idea de una familia que quedaba sola en el mundo, rodeada de muerte y de un enemigo ignorado e inalcanzable. Pensé en mí mismo, en mi familia, aislados en nuestro chalet y comencé a plantearme preguntas”, contó aquella vez, mucho antes de ser detenido desaparecido por la dictadura.

Cuando le repetí la frase –que tenía anotada– Solano sonrió y me dijo: “Sí, tal cual”.

Cuando encararon El Eternauta, Oesterheld y López llevaban años trabajando juntos, con tiras que hicieron época, como Bull Rocket. “Nos conocimos en los ‘50 en Editorial Abril, colaborando en Misterix, que era la revista estrella de la época, con una tirada semanal de 220.000 ejemplares. Héctor era un guionista muy respetado que hacía dos historietas de mucho éxito: El Sargento Kirk, dibujada por Hugo Pratt, y Bull Rocket, que dibujaba yo. Eran dos héroes norteamericanos”, me contó Solano esa tarde.

A partir de ese éxito, Oesterheld pensó en tener una editorial propia, con la orientación que él quería darle, con personajes argentinos. Invitó a Hugo Pratt, a Francisco Solano López y a otros dibujantes a acompañarlo en la aventura. A su emprendimiento –el propio– Oesterheld lo llamó Editorial Frontera, y allí nació, por ejemplo, Rolo, el marciano adoptivo, una historieta de ciencia ficción, dibujada por López, cuyo protagonista era extraterrestre maestro de la escuela, presidente del club del barrio y líder de la barra del café.

Salió con el lanzamiento de una de las revistas, Hora Cero, y la catapultó al éxito. En otra de las revistas, llamada Frontera como la editorial, creó otro personaje de ese tipo, Joe Zonda, un “cabecita negra” mendocino, de Chacras de Coria, que había aprendido a hacer de todo por correspondencia, desde armar radios a pilotar aviones.

Estos personajes coexistían en las revistas con héroes de western o con Ernie Pyke, que era un corresponsal de guerra. Oesterheld ofrecía una variedad de propuestas a los lectores, mezclando sus nuevas creaciones bien argentinas con personajes extranjeros de probado éxito.

Eran dos revistas mensuales pero, como la idea andaba muy bien, nos propuso hacer una semanal, para competir con Misterix. Allí, en Hora Cero Semanal, salió por primera vez El Eternauta, con mis dibujos, y al poco tiempo Misterix había bajado de 220.000 a 40.000 ejemplares semanales, el resto lo habíamos capturado nosotros. A mí personalmente, y creo que lo mismo a Héctor, nos divertía mover esos personajes con características típicas de los héroes aventureros, pero con los tics propios de la nacionalidad, de las relaciones y de los dichos argentinos”, me dijo López.

Con el correr de los años, El Eternauta tendría dos versiones más, una en 1969 y otra en 1976. En ellas, a diferencia de la primera, el contenido político ya era manifiesto. “El desafío consiste en que logremos una historieta con contenidos y valores nuevos. Por ejemplo, un héroe que observe las cosas desde un punto de vista distinto. O que deba necesariamente actuar en colaboración con otros personajes. Así, sin decirlo, en nuestras historias podemos introducir la noción de pueblo, de gente común y solidaria; en definitiva, el héroe colectivo”, decía Oesterheld de esa nueva etapa.

La serie argentina es una más vistas de Netflix a nivel global.

Francisco Solano López volvió a asociarse con él para El Eternauta de 1976. Al dibujante no lo convencía el enfoque, pero igual lo hizo.

“Héctor había seguido a sus hijas en su militancia en Montoneros e incluso había integrado el comité ejecutivo del diario Noticias, donde también había publicado una tira diaria, La guerra de los Antartes. Desde esa posición, cuando le ofrecieron hacer la continuación de El Eternauta hizo un eternauta montonero. A mí no me gustaba, lo veía mal. No soportaba a los militares, pero pensaba que en una sociedad estructurada como la argentina la lucha armada no podía tener el mismo resultado que en otros países con estructuras más simples, como Cuba o Nicaragua. El resultado fue catastrófico y lo vemos hoy, a Oesterheld lo asesinaron y nos faltan 30.000 muchachos que serían la base para que todo nos fuera mucho mejor. Pero no están, no existen, los desaparecieron. Los sobrevivientes no alcanzan”, reflexionó esa vez en el living de su departamento.

Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado por un grupo de tareas en La Plata el 27 de abril de 1977 y asesinado en 1978, sus cuatro hijas están desaparecidas. Francisco Solano López partió al exilio, acompañando a su hijo Gabriel, que había sido detenido y consiguió la opción para salir del país. En Europa siguió trabajando, ahora con Gabriel como guionista, haciendo historietas con personajes la historia latinoamericana y creando uno nuevo en sociedad, Ana.

Solano regresó al país una vez recuperada la democracia y siguió trabajando. Incluso agregó un capítulo más a la saga de El Eternauta, con guion de Pablo Maiztegui y ambientada cuarenta años después que la versión original. Esa vez, él mismo quiso darle una vuelta política al personaje creado por Oesterheld.

Pienso que en el desarrollo de esa historia se trasluce una metáfora simplificada de lo que era el menemismo, el neoliberalismo argentino y latinoamericano, a través de la actividad de los Manos como personajes dirigentes un poco en las sombras. Esa fue la idea…”, me explicó. Y me adelantó que quería continuar con el proyecto: “Todavía tenemos pendiente el cierre del círculo, el reencuentro de El Eternauta, ya rescatando a su hija, una muchacha bajo la protección de uno de los dirigentes de los Manos. Y la chica y el padre se reúnen con sus amigos para poder encontrar a la madre, a Elena. Lo que da lugar para otra serie inacabable de relatos que pueden estar a cargo del propio Eternauta o de Elena, que también puede contar lo que le pasó”, me dijo.

No pudo ser, Francisco solano López murió a los 82 años, luego de sufrir un derrame cerebral el 12 de agosto de 2011, menos de tres años después de la entrevista que aquí se rememora.

Fuente: Llamamiento argentino judío, 5/5/2025

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Una entrevista a Solano López, dibujante de El Eternauta: "Muchos la interpretaron como una premonición de la resistencia peronista".

Por José Cornejo
Enrique de la Calle
 
En septiembre de 2007, Agencia Paco Urondo dialogó con el dibujante de El Eternauta, Francisco Solano López, quien falleció en 2011. Originalmente, la entrevista se iba a publicar en la revista Evita (de la organización del mismo nombre) pero finalmente el número en cuestión no vio la calle.
 
La charla gana relevancia ahora que la historia es un fenómeno mundial gracias a una serie publicada por la plataforma Netflix. "No teníamos una militancia peronista, pero la invasión estaba en todos nosotros, incluyendo al público, al menos inconscientemente", recordó.
 
APU: ¿Cuándo dibujabas al invasor, ¿en qué te inspirabas?
 
Solano López: Modificaba características reales. Al “mano” le agregué una sola deformidad, una mano llena de dedos, porque me pareció que hacerlo en ambas quedaba grotesco, poco creíble o funcional. Imaginé una prolongación de tendones y huesos a lo largo del antebrazo. Los “gurbos”, pensé en un animal acorazado, pesado pero con una contextura ágil. No pensé en un rinoceronte o un elefante, fue una combinación. La cabeza la pensé en algo militar, la torrecilla de un tanque. En los escarabajos pensé en insectos verdaderos. Más grandes y móviles, con las patas más largas que les permitieran estar acuclillados, y con una forma más puntiaguda que diera una impresión más agresiva y rechazables. Los hombres de la calle son gente de trabajo. Claro, en el caso de los “hombres robot” tienen aspecto de zombie. Se comportan de forma automática.
 
APU: ¿Y las imágenes de la Ciudad de Buenos Aires? River Plate, Plaza Italia…
 
SL: Todo eso fue recogido de mi memoria. Vivía en Belgrano y transitaba por Palermo. Hacia Provincia, por la zona del norte (la historia se inicia en Martínez, Vicente López), tenía una tía que vivía en un chalet sobre la avenida del Libertador a la altura de Olivos. Desde chico me quedaba a dormir ahí. Del Congreso tenía un cuadernillo turístico con fotos de Buenos Aires y había una toma de la Plaza vista desde arriba, pero no desde la cúpula del Congreso sino desde los hoteles que están al costado. Juan Salvo mira hacia abajo y ve toda la parafernalia de los invasores. Es el único dibujo a página entera de las 300 y pico de la historieta.
 
APU: Es una localización bien porteña.
 
SL: Sí. En ese caso tuve la oportunidad de tener una foto bien detallada. Pero el resto es todo memoria: la cancha de River, la glorieta de Barracas de Belgrano o el cruce de la General Paz donde se da la primera batalla, intersección con la Libertador y su rotonda con una fuente que ya no existe.
 
APU: Esa imagen real de la Ciudad junto a trabajadores resistiendo, entre ellos obreros metalúrgicos conecta muy fuerte con la sensación de la resistencia peronista.
 
SL: Muchos lo interpretan como una premonición de la primera resistencia peronista. Sin embargo, cuando lo hicimos no estábamos pensando en el hecho político que había ocurrido hace dos años con la (Revolución) Fusiladora. No teníamos una militancia peronista, pero la invasión estaba en todos nosotros, incluyendo al público, al menos inconscientemente. De hecho, yo venía de una familia antiperonista, que leía la Vanguardia socialista. Pero lo que hicieron los gobiernos militares me fue revelando la lucha de los peronistas. En realidad hubo otro trabajo literario periodístico de la época que luego me tocó dibujar: Operación Masacre de Rodolfo Walsh.
 
APU: ¿Lo conociste?
 
SL: No, porque ya estaba fuera del país. Había ocurrido el golpe militar del 76 y acompañé a mi hijo al exilio. Él había estado preso bajo conocimiento del Poder Ejecutivo y le dieron la opción de irse. Hizo los trámites en Madrid, en la ACNUR (Oficina para Refugiados políticos dependiente de la Naciones Unidas).
 
APU: El clima de época se coló.
 
SL: No éramos conscientes. No podíamos imaginar que los militares iban a ser tan hijos de puta de igualarse a la historieta. Tengo la conciencia, por tener dos hijos varones, que los vi crecer en el hartazgo de esa generación por las dictaduras. Por ejemplo, (el ministro de Educación Daniel) Filmus es un fanático del Eternatua. Cada tanto me encuentro con gente que iba de guardapolvos al kiosco a comprarlo, y hoy son ministros.
 
APU: Y la nuestra es tercera generación.
 
SL: Claro, que recibe de sus padres un libro guardado en la biblioteca. Muchos se quedan pegados, no pierde vigencia. ¿Por qué? Porque la misma película se vuelve a repetir. Se daba con cada golpe militar. Incluso con los radicales como Frondizi e Illia cuando quería dar elecciones que pudieran ganar los peronistas. Y se repite también con todas las chicanas y mecanismos leguleyos utilizados por los represores para demorar su enjuiciamiento. Por eso dicen “no debemos mirar para atrás”. Sus acciones están en el pasado porque ellos se encargaron de poner palos en la rueda. Tuvo que venir un gobierno como el de Kirchner para promover la renovación de la Corte Suprema, para remover esas barreras que habían puesto los represores para defenderse. Ellos no le dieron la posibilidad a quienes masacraron.